En octubre pasado, tuvimos la oportunidad de participar en un evento en Village Madrid, un majestuoso palacio reconvertido en centro de negocios y coworking, donde impartimos una charla dirigida a startups, emprendedores, freelancers y empresarios sobre la inteligencia artificial (IA) desde una perspectiva legal.

Durante la charla, resultó evidente el contraste entre aquellos asistentes que ya dominaban la IA, habitualmente profesionales de la informática, análisis de datos y tecnología, y aquellos que, por el contrario, apenas habían tenido contacto con estas herramientas. Esta polarización refleja una realidad incuestionable: quienes ya están aprovechando las capacidades de la IA llevan una clara ventaja competitiva frente a quienes aún no la integran en sus procesos empresariales.

Es importante aclarar que, aunque el tren de la IA ya esté en marcha, todavía hay tiempo para subirse. Sin embargo, es fundamental entender que quienes no empiecen a utilizar estas tecnologías en los próximos años corren el riesgo de quedarse atrás, especialmente en un entorno donde la automatización y la eficiencia tecnológica están cada vez más presentes en nuestro día a día, incluso si no somos partícipes activos de ellas.

En nuestra intervención con los empresarios de Madrid, no solo destacamos los beneficios de la IA, sino también los riesgos inherentes a su uso, muchos de los cuales aún son desconocidos para la mayoría. Es sabido que la IA puede ser utilizada con fines ilícitos o poco éticos, desde fraudes y estafas hasta ingeniería social, phishing y ataques dirigidos a particulares pero también a empresas. De hecho, las corporaciones suelen estar en el punto de mira de estas amenazas, convirtiéndose en víctimas de técnicas sofisticadas como el «fraude del CEO», en el que se suplanta la identidad de un alto cargo para desviar fondos o acceder a información confidencial.

Ante este panorama, la pregunta más relevante no es únicamente cómo defenderse, sino cómo anticiparse. Para ello, es fundamental comprender el funcionamiento de la IA y sus posibles aplicaciones, tanto legítimas como malintencionadas. Lo que está claro es que no podemos protegernos de aquello que desconocemos. Por ello, cuanto mayor sea nuestro conocimiento sobre las capacidades de estas tecnologías, más preparados estaremos para identificar situaciones potencialmente peligrosas o fraudulentas.

El rol del abogado en este contexto va más allá de la protección reactiva. Nuestra función es, sobretodo, preventiva y proactiva, actuando como un escudo legal para las empresas: diseñamos procesos, procedimientos y políticas internas para garantizar, no solo que se cumple con la normativa vigente, sino que también se mitigan los riesgos asociados al uso de la IA. Además, ayudamos a las organizaciones a comprender la normativa aplicable, porque no nos confundamos: las leyes no siempre limitan, también protegen. Y si a veces imponen restricciones, es precisamente para evitar que el mal uso de la tecnología perjudique a ciudadanos pero también a empresas.

Un claro ejemplo de los riesgos que comporta el creciente uso de IA, es la utilización de estas herramientas para la redacción de contratos. Aunque para muchos, parece ser una fantástica alternativa a los honorarios de un profesional, es fundamental preguntarse: ¿De dónde proviene la información utilizada por la IA para generar dichos contratos? ¿Cómo verificamos que las fuentes sean fiables y que la normativa aplicada sea verídica, no esté derogada y no se refiera al ordenamiento jurídico de cualquier otro país menos España? Estos son aspectos críticos que, no olvidemos, solo un profesional del derecho podrá evaluar con certeza.

En definitiva, la IA es una herramienta poderosa y transformadora, pero su utilización debe ir acompañada de un profundo entendimiento de sus límites y riesgos. Integrarla en nuestras actividades diarias y profesionales no solo nos permitirá aprovechar sus beneficios, sino que también contribuirá a nuestro crecimiento profesional y al desarrollo económico y social de las empresas que sepan sacarle el máximo provecho. Lo que es importante tener en mente es que el éxito no radica únicamente en utilizar la IA, sino en hacerlo de manera consciente, ética y siempre bajo el amparo de la ley.